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UN AMOR CON POCA PRENSA |
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Hace casi dos años, cuando después de mucho tiempo
en Córdoba nevó, el matrimonio Yannino encontró,
al regresar a su casa, a su perro Dago -un dogo de 60 kilos-
acurrucando a una gatita recién nacida. Esa noche, la
mascota le cedió su cucha a ella, a quien la familia
se acostumbró, con los días, a llamar Mini. “Él
la adoptó”, cuenta Jorge mientras los mira jugar
en el patio como dos buenos amigos. Un amor extraño para
muchos, que deshace el mito de la incompatibilidad de caracteres. |
“La historia es de ellos”, dice Jorge Yannino y tiene
razón. Después de esa noche, la gatita comenzó
a subirse arriba de la cucha y a quedarse ahí. A los pocos
días, empezaron a entrar juntos. Esta escena, al principio,
sorprendió a la familia (pensaron que los había juntado
el frío), pero el frío pasó y ellos siguieron
así.
Desmitificando el dicho de llevarse “como perros y gatos”,
Dago y Mini comparten juegos, plato, agua y el cariño de sus
amos. “Los dogos, si se los sabe criar, son muy dulces. Eso
sí -advierte Jorge- pesan mucho y los cariños

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