“Abracadabra”, suele ser la palabra mágica pronunciada en el momento más importante del espectáculo. El mago comienza mostrando un pañuelo, luego cierra una de sus manos en forma de puño y comienza a introducirlo en ésta con su dedo pulgar. Cuando el pañuelo está totalmente adentro de la mano, el mago la abre rápidamente para mostrar que no hay nada adentro. ¡Aplausos!
La magia es un arte escénica de la que se tiene conocimiento desde el año 1700 a.C. En Egipto se encontró un papiro en el que se relata la actuación de un mago llamado Dedi, quien con un cuchillo cortaba en su mano la cabeza de un ganso, acto seguido lo ponía en el suelo e invocando unas palabras mágicas, lograba que el ganso saliera caminando. Su arte comenzó a crecer por las calles y plazas tras la caída del imperio romano y se convirtió en Magia Negra durante la Edad Media, siendo sus cultores perseguidos por la Inquisición. En Asia también se la puede rastrear en las historias fantásticas de Las mil y una noches.
El mago Juan Tamariz define a la magia como “el humilde oficio de hacer posible lo dicho imposible” o “el cuerdo arte de mostrar la Utopía realizada; lo que nos hace vivir los sueños”. Más allá de las definiciones, lo cierto es que cada vez que un conejo sale de una galera, volvemos a sentir ese chispazo mágico de volver a ser niños.