“Jugar al aire libre es una experiencia sorprendente porque salir es siempre imprevisible, salís a jugar con las sorpresas, es una posibilidad de aumentar saludablemente los niveles de incertidumbre. Porque los que sabemos jugar -señala Víctor- también sabemos que una de las cuestiones principales del juego es ese margen de incertidumbre: nadie juega sabiendo el resultado de antemano”.
¿El afuera peligroso?
Muchas veces asociamos el afuera con la inseguridad. Aquí, el autor de El placer de entrar a un patio, propone ponernos serios. “Vivimos en sociedades desiguales y fuertemente injustas, mientras esto sea así, van a ser peligrosas e inseguras”. ¿Qué podemos hacer los padres? Para él, lo primero sería unirse en función de construir sociedades más humanas, más parejas.
Recuperar los espacios públicos
En una sociedad que ha ido perdiendo cantidad y calidad de espacios públicos, recuperarlos representa un gran desafío.
“Hemos recibido una mala educación”, sostiene. “Nos hemos educado con la idea de que en el espacio público como la calle, puedo hacer lo que quiero. Y en realidad, en ese espacio puedo hacer sólo el bien común. Si quiero tirar una lata, la puedo tirar en el living de mi casa, pero no en la calle, porque la calle no es mía, es de todos”.
“Hay que recuperar los espacios al aire libre, abrir las puertas de la escuela, abrir las puertas de la casa para salir a jugar. Ir al río, subir una loma, explorar una plaza. Entren al patio, aprópiense, disfrútenlo”, propone este cordobés radicado en Neuquén hace más de 30 años.
Derecho a “tocar” la vida
“El aire libre, el afuera, la incertidumbre de la que hablamos, no tiene que ver con el peligro, sino con lo que sentimos. Cada vez que salgo, la promesa de que puedo sentir algo diferente está ahí, a la vuelta de la esquina. No es lo mismo ir a una plaza en julio que en enero y los chicos tienen el derecho a salir a tocar la vida que va pasando. En este contexto, sentir el cambio de las estaciones en la piel, disfrutar del vuelo de una mariposa, se transforman en vivencias altamente emocionantes y motivo suficiente para decirle a los padres: ¿Por qué no van con su hijo a la plaza? Vale la pena por sólo eso”.
Buscar el afuera + Revalorizar el adentro
En el afuera también tenemos la oportunidad de ver a los a los padres, por ejemplo, de otra manera. “La mamá o el papá que me reciben todos los días en la cocina de mi casa no son exactamente iguales al papá y la mamá con los que pasamos la tarde en el río; los descubro diferentes”, dice Pavía. “Además, salir al aire libre puede educarnos a través de los contrastes”. ¿Por qué? Porque cuando vuelvo del río, por contraste, la casa también tiene otro sabor, la valoro de una manera diferente.
Para no endiosar una cosa y demonizar otra, el pedagogo nos da un buen ejemplo del equilibrio que debería existir entre el afuera y el adentro: “Mis nietas tienen derecho a palpar la rugosidad de la corteza de los árboles de la plaza y también la suavidad de las sábanas de su cama”.